UX Trends 2022
Enero de 2022 - Número 12 Design Matters
Como cada año, durante el mes de diciembre, he leído varios informes relacionados con el tema de este artículo y me he encontrado con mucha variedad de opiniones, de predicciones y reflexiones que me confirman, un año más, que la Experiencia de Usuario es un fin en si misma y no una disciplina cambiante según las tendencias.
En mi opinión, las tendencias surgen en la sociedad, en la propia etnografía, en el contexto en el que viven las personas y en las necesidades que van creando; y también en el estado del arte de la tecnología. Ambas fuentes son la información que tenemos a nuestra disposición, como punto de partida, para crear servicios y productos digitales que realmente respondan y proporcionen la experiencia que el usuario busca en un determinado momento.
¿Entonces tiene sentido hacer un UX Trends? Sí, pero entendido como una mirada a nuestra realidad social y tecnológica.
Nuestra realidad social es nuestro yo.
En el plano social estamos en un momento de cambio, en el que los usuarios quieren más control en sus vidas, más capacidad de elección, más independencia y más experiencias individualizadas. Queremos que los servicios y productos digitales empaticen más que nunca con nuestra realidad, con “nuestro yo” y no con “el nosotros”. Que un servicio guste a mucha gente ya no es un reclamo, el reclamo es un servicio que me guste a mí, con mis rarezas y mis particularidades.
Por eso es importante que revisemos la comunicación de nuestros servicios y productos para que hablen de ti y no del colectivo. Tenemos que cambiar el discurso y pasar del “seguro de auto de los ahorradores” al “seguro de auto de María”.
También debemos revisar como comunicamos a través de las imágenes, porque María quiere verse reflejada en ellas, ya no busca su aspiracional, busca su realidad.
También debemos poner más atención a que los usuarios tengan el control del servicio, ya sea a nivel de privacidad o de configuración del uso. Tener el control no significa permitir un alto grado de personalización, significa que nuestro usuario entienda, en todo momento, lo que está pasando y hasta dónde llegan los límites de lo que está usando, es decir, conocimiento pleno de lo que utiliza.
Yo elijo donde trabajo.
La pandemia ha puesto en jaque uno de los principios fundamentales del diseño centrado en las personas: incluir a los usuarios en el proceso de diseño. Los diseñadores hemos tenido que aprender, rápidamente, a adaptar nuestras técnicas a sesiones en remoto y emular las actividades que anteriormente hacíamos a un entorno más restrictivo.
Aunque herramientas como Miro, Figjam, Teams o Figma facilitan mucho el desempeño de nuestra profesión en remoto me sigue faltando el contacto, la interacción, observar el lenguaje no verbal, llenar una pared de Post-Its o una pizarra de garabatos. No se recoge la misma información en remoto.
Como diseñador aprecio mucho el poder trabajar en mi casa, en mi despacho, organizarme el día y conciliar mi actividad profesional con mis actividad personal, ahorrarme el trayecto de ida y vuelta a la oficina… Pero también echo en falta lo que realmente hace que mi trabajo brille: relacionarme con mis compañeros, co-crear juntos, participar en sesiones con usuarios, hacer una presentación de mis diseños...
Por eso creo que como suele ocurrir en otros ámbitos de la vida, en el centro está la virtud y tener la flexibilidad, la organización y responsabilidad para desarrollar mi actividad profesional en casa, en la oficina, en otra ciudad, en la playa o la montaña es lo más enriquecedor para el resultado de mi trabajo.
Este año deberíamos volver a co-crear, con mascarilla, con seguridad, pero recuperar nuestras actividades presenciales con los usuarios, porque con el virus se puede convivir y ahora es lo que toca.
¿Como interactuaremos? Harmos más scroll.
Quién nos iba a decir, hace unos años, que hacer scroll es un buen aliado para crear buenas experiencias. Creo que hay que dar un impulso al scrollytelling, que no es otra cosa que narrar la propuesta de valor de un producto de una forma más visual y lineal. De nuevo esto responde a una realidad social y es que nos cuesta mucho poner atención a una sola cosa a la vez. Nos cuesta leer y consumimos información mediante impactos breves.
La mayor parte de las páginas de productos las construimos compartimentando la información en bloques o módulos que actúan como componentes independientes, y esta práctica ya no genera atención. Estructurar y generar composiciones más infográficas puede ser diferencial y generar un nuevo atractivo para el usuario.
La tendencia será presentar nuestros productos o servicios como si narrásemos una historia, con un formato más literario, respetando sus tres partes cronológicas básicas: la introducción, el nudo y el desenlace. Para el diseño de esta historia usaremos tipografías grandes y muy expresivas, imágenes cuidadas e impactantes, textos escuetos y directos y animaciones suaves y elegantes.
Esta tendencia la lleva poniendo en práctica años, en mi opinión con mucha maestría, Apple para dar a conocer sus productos y servicios, pero nos cuesta ponerla en práctica porque requiere de un esfuerzo importante en recursos visuales, copy y desarrollo front.

Nuestra realidad tecnológica ¿Será el Metaverso?
En el plano tecnológico se habla mucho del Metaverso como principal novedad, algunos autores comentan, incluso, que es el principio de la siguiente generación de Internet. Fue Mark Zuckerberg quien nos presentó, en 2021, su huida hacia delante: Meta, el nuevo nombre de su compañía (Facebook) para dar forma a su nueva visión de la red social basada en experiencias multidimensionales.
También hay rumores que confirman que Apple está a punto de sacar, este año, sus gafas de realidad aumentada.
Pero, sinceramente, opino que este 2022 no va a ser el año en el que veamos un cambio de paradigma de relación e interacción en el medio digital.
Aunque ambos gigantes puedan dar un impulso importante al Metaverso hay una cuestión subyacente que todavía hoy no hemos conseguido resolver bien: la elevada carga cognitiva que se emplea cuando interactuamos en estos entornos. Todas las experiencias pasadas relacionadas con la realidad aumentada y virtual han fracasado precisamente por esta razón.
¿Os acordáis del tremendo auge que tuvo el cine en 3D? Hubo un momento en el que pensamos que la nueva forma de ver cine o televisión iba a ser con unas gafas de policarbonato, y normal que lo pensáramos porque la experiencia era impresionante (véase Avatar), pero finalmente se consumió la llama hasta desaparecer precisamente debido al alto grado de esfuerzo cognitivo que producía.
¿Cómo serán las interfaces gráficas? Será el año de los “ismos”.
Este año veremos interfaces donde convivirán, esperemos en paz y harmonía, varias tendencias de años anteriores: minimalismo, brutalismo, esqueumorfismo, claymorfismo y glassmorfirmo. Lo bueno de este año es que ya las hemos probado todas y podemos volver a diseñar pensando en lo que realmente importa y es que el diseño de la interfaz debe ser una traducción visual y literal de todo el diseño de interacción que se ha llevado a cabo para obtener la solución que da forma a nuestro servicio o producto digital.
Seleccionar.
El uso de las tendencias, como si de una moda se tratase, es peligroso y se aleja de nuestra misión. La clave es saber seleccionar la información, y lo pongo en negrita porque a mi juicio es lo realmente importante. Informarnos bien de factores sociales y etnográficos y seleccionar los que rodean a nuestro público objetivo. Seleccionar la tecnología que mejor resuelva el reto al que nos enfrentamos, seleccionar el lenguaje visual que mejor represente la solución que buscamos, seleccionar el escenario en el que desarrollar nuestra profesión para captar la máxima información… esto es nuestro mayor logro, que cada año tenemos mas opciones para seleccionar y así poder crear mejores servicios para los usuarios.
¡Feliz 2022!
